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Estudio revela estrategias únicas de tres especies del bosque esclerófilo chileno para sobrevivir la sequía estival

Estudio revela estrategias únicas de tres especies del bosque esclerófilo

Una nueva investigación desarrollada en la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile describe cómo tres especies emblemáticas del bosque esclerófilo de Chile central han desarrollado estrategias anatómicas diferenciadas para enfrentar el estrés hídrico del clima mediterráneo. El estudio, titulado "Rasgos funcionales en el tejido vascular de tres especies del bosque mediterráneo de Chile", fue realizado por Iván Espinoza como memoria para optar al título de Ingeniero Forestal, bajo la guía académica de la doctora Paulette Naulin Gysling, y con la revisión del consejo evaluador integrado por el director de investigación Juan Ovalle y los académicos Paola Poch y Eduardo Martínez.

El microscopio reveló grandes diferencias

El trabajo se concentró en el análisis del xilema secundario —el tejido leñoso encargado del transporte de agua— de tres especies distribuidas en la zona central del país: el peumo (Cryptocarya alba), el litre (Lithraea caustica) y el quillay (Quillaja saponaria). Las muestras fueron recolectadas en el Arboretum Antumapu de la propia Universidad de Chile, condición que permitió aislar variables ambientales y hacer comparaciones entre las especies.

En la observación al microscopio, Espinoza midió y describió rasgos como el diámetro de los vasos, su densidad, el grosor de las paredes celulares y la conductividad hidráulica potencial. Los resultados revelan una división de estrategias: el peumo prioriza la eficiencia en el transporte del agua, con vasos de mayor diámetro y la más alta conductividad hidráulica de las tres especies; el quillay, en cambio, apuesta por la seguridad hidráulica, con los vasos más pequeños y la mayor densidad por milímetro cuadrado, lo que lo hace más resistente a la cavitación —el fenómeno que bloquea el flujo de agua al formarse burbujas en los vasos— durante períodos de sequía severa. El litre ocupa una posición intermedia, con vasos de tamaño moderado pero la menor densidad vascular, complementando su estrategia con ajustes fisiológicos en condiciones de falta de agua

Convergencia evolutiva

Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que las tres especies comparten rasgos cualitativos clave —placas de perforación simples y puntuaciones intervasculares alternas—, a pesar de pertenecer a familias filogenéticamente distantes: Lauraceae, Anacardiaceae y Quillajaceae, respectivamente. Esta coincidencia, que también se observa en especies mediterráneas de otras partes del mundo, constituye un caso de convergencia evolutiva: linajes que no comparten un ancestro común reciente llegaron a soluciones anatómicas similares como respuesta adaptativa a las mismas restricciones del clima mediterráneo.

Un vacío científico que empieza a llenarse

El estudio también incluyó una sistematización de la literatura científica disponible sobre rasgos funcionales en ecosistemas mediterráneos del mundo. La revisión mostró un marcado contraste entre regiones: mientras que en la Cuenca del Mediterráneo los estudios se enfocan en la fisiología hídrica, y en el Fynbos de Sudáfrica predomina la descripción taxonómica, Chile prácticamente no cuenta con investigaciones de este tipo. Esta ausencia convierte al trabajo de Espinoza en un aporte pionero para el estudio de la anatomía funcional del bosque esclerófilo chileno.

La investigación también advierte que la alta variabilidad anatómica observada dentro de una misma especie —incluso entre ramas de un mismo árbol— es un factor crítico que los futuros estudios deben considerar al diseñar sus protocolos de muestreo, incorporando enfoques jerárquicos que permitan separar las diferencias reales entre especies del ruido biológico natural.

La zona central de Chile es una de las cinco regiones mediterráneas del planeta y enfrenta una tendencia sostenida hacia condiciones más áridas, acelerada por el cambio climático. Comprender cómo las especies nativas del bosque esclerófilo están anatómicamente equipadas para resistir el déficit hídrico estival resulta fundamental para proyectar su resiliencia futura y orientar estrategias de conservación y manejo forestal.

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