Sin abejas, no hay cerezas. Tampoco arándanos, paltas, almendras ni manzanas. Y sin esas especies, Chile perdería no solo una parte esencial de su economía agrícola, sino también el tejido mismo de sus ecosistemas nativos. La conmemoración del Día Mundial de las Abejas permite sensibilizar acerca del papel esencial que las abejas y otros polinizadores desempeñan en el mantenimiento de la biodiversidad.
Este año, la conmemoración llega en un momento de expansión sin precedentes para el sector apícola chileno, pero también de urgencia conservacionista. El país tiene mucho que celebrar y mucho que proteger.
Un sector en pleno auge
Las cifras hablan por sí solas. Según datos del Sistema Oficial de Información Pecuaria (SIPEC), en 2024 se registraron 5.690 apicultores y 1.129.954 colmenas a nivel nacional. Las regiones con mayor cantidad de colmenas son Maule (248.809) y O'Higgins (226.915), mientras que La Araucanía y Maule concentran el mayor número de apicultores registrados.
En 2024, Chile exportó más de 4.100 toneladas de miel, alcanzando un valor de USD 14,7 millones, lo que representa un crecimiento de más del 70% en volumen y en valor respecto al año anterior. Los principales destinos han sido Alemania, Estados Unidos y Francia. Pero la miel no es todo. Las ventas de abejas reinas y paquetes crecieron un 25% en volumen y 39% en valor, consolidando la posición internacional del país en genética apícola. Chile se posiciona hoy como un referente no solo en producción de miel, sino también en la exportación de material vivo de alta calidad.
Mucho más que miel: el rol ecológico irreemplazable
Detrás de las cifras económicas hay una función que ningún otro agente puede reemplazar. La apicultura chilena juega un rol relevante no solo por su producción de miel y otros productos de la colmena, sino también por los servicios de polinización con abejas Apis mellifera que impactan positivamente en el desarrollo de la agricultura, en la protección de la biodiversidad y de las comunidades rurales que desarrollan la actividad.
El académico Gustavo Cruz, de la Facultad de Ciencias Forestales y de la Conservación de la Naturaleza de la Universidad de Chile, es uno de los especialistas que mejor comprende esta doble dimensión —productiva y ecológica— de las abejas. Responsable de los cursos de apicultura en esa facultad y junto a los especialistas Mario Gallardo y Natalia Varela, es coautor del Manual Apícola de especies melíferas del bosque y matorral nativo esclerófilo de la zona central de Chile, una obra de referencia que conecta la práctica apícola con la conservación del patrimonio vegetal nativo de la zona central del país.
Para Cruz, la preservación de las abejas es inseparable de la preservación del bosque esclerófilo —ese ecosistema mediterráneo único que incluye quillayes, boldos, peumos y arrayanes— porque ambos se necesitan mutuamente: las abejas polinizan el bosque y el bosque alimenta a las abejas.
"Una de las características distintivas de la obra es que está diseñado para ayudar a los apicultores a identificar la flora de interés en sus apiarios, registrar floraciones y elaborar calendarios florales, ofreciendo así información valiosa sobre los recursos que cada planta aporta a lo largo del año", destaca Natalia Varela, autora del texto.
Una especie bajo amenaza
A pesar del crecimiento del sector, las abejas enfrentan presiones crecientes. En la actualidad, el número de abejas, polinizadores y muchos otros insectos está disminuyendo. Los factores que explican este declive son múltiples: entre los conocidos, los pesticidas, los insectos invasores, los cambios en el uso de la tierra, los monocultivos que reducen los nutrientes y el cambio climático.
Chile no escapa a este diagnóstico global. La fragmentación de los hábitats nativos en la zona central, el uso de agroquímicos en los valles agrícolas y los efectos de la megasequía amenazan la salud de las colmenas y la diversidad de las especies polinizadoras silvestres. En este contexto, el trabajo académico de Cruz y su equipo en la Universidad de Chile cobra especial relevancia: identificar qué plantas nativas son fuentes de néctar y polen para las abejas es un paso esencial para diseñar estrategias de conservación que beneficien tanto a la biodiversidad como a los apicultores.
Apicultura con identidad: las flores del bosque nativo
Lo que distingue a la apicultura chilena de la de otros países productores es precisamente su vínculo con una flora nativa única. Especies como el quillay (Quillaja saponaria), el boldo (Peumus boldus) o el peumo (Cryptocarya alba) producen mieles con características organolépticas y sanitarias singulares, que abren nichos de valor en mercados internacionales cada vez más interesados en productos naturales y con trazabilidad de origen.
El manual del que Cruz es coautor surge precisamente de esa convicción: que conocer las plantas melíferas nativas no es solo un ejercicio botánico, sino una herramienta práctica para que los apicultores chilenos puedan aprovechar —y al mismo tiempo proteger— ese patrimonio vegetal que hace única a la miel de Chile.
