La Antártica ha dejado de ser un territorio infranqueable. El aumento de la actividad humana y el avance del cambio climático están abriendo puertas que antes permanecían cerradas para especies vegetales no nativas. En este escenario crítico, el proyecto “Understanding the role of human activities in the risk of plant invasions in Antarctica: Towards a monitoring and biosecurity system”, seleccionado en el Concurso Nacional de Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica Antártica 2025, se propone actuar antes de que el daño sea irreversible.
La iniciativa busca comprender cómo las acciones humanas facilitan la introducción y el establecimiento de plantas en la Península Antártica. Para ello, cuenta con la participación de la académica Paola Poch, cuyo rol es fundamental para conectar el comportamiento fisiológico de las plantas con su posible expansión en el territorio.
Ciencia de vanguardia: Cámaras de propagación y mapas de riesgo
Lo que hace único a este proyecto es su enfoque integrador. La metodología no se limita al trabajo de campo, sino que crea un puente entre el laboratorio y la modelación espacial. "Combinamos distintas formas de hacer ciencia", explica Poch. "Ensayos en cámaras de propagación nos permiten simular ambientes actuales, condiciones subantárticas y futuros escenarios de cambio climático".
Un factor clave en estos experimentos es la perturbación del suelo. El equipo investiga cómo el tránsito humano y otras actividades alteran el sustrato, generando "ventanas de oportunidad" para que semillas foráneas logren germinar. "Queremos observar cómo responden las plantas: si logran establecerse, crecer o tolerar ciertas condiciones. Luego, esa información se cruza con datos microclimáticos tomados en terreno para generar mapas de riesgo mucho más realistas", señala la investigadora.
El "nicho potencial": Saber quién puede sobrevivir
La labor de Paola Poch se centra en el componente experimental, específicamente en el estudio del nicho potencial. Su responsabilidad es determinar bajo qué condiciones exactas una especie —ya sea nativa o potencialmente invasora— tiene la capacidad real de vivir en la Antártica.
"Esta labor es importante porque conecta la fisiología real de las especies con su distribución en el espacio. No solo queremos saber dónde podría aparecer una especie en un mapa, sino si realmente tendría la capacidad de sobrevivir ahí. Esa diferencia es la clave para una prevención efectiva", destaca Poch.
Cronograma y visión preventiva
Para este primer periodo, el proyecto tiene hitos claros:
- Puesta en marcha: Definición de especies y ajuste de condiciones ambientales simuladas.
- Tratamientos: Organización de los niveles de perturbación del suelo.
- Seguimiento: Medición de germinación, crecimiento y respuestas fisiológicas para identificar umbrales de tolerancia.
Desde una perspectiva profesional y personal, Poch resalta que este proyecto es una oportunidad única para proteger un sistema tan sensible. "A menudo actuamos cuando el problema ya está instalado, pero aquí la idea es adelantarnos: entender qué especies representan un riesgo y dónde poner más atención", comenta.
Este esfuerzo interdisciplinario busca generar conocimiento académico y transformarse en herramientas concretas de bioseguridad que aseguren que la "huella humana" en la Antártica no se convierta en una puerta de entrada para la pérdida de biodiversidad nativa.
